Dicen que la locura es un placer que solo los locos conocen…

La vida nos entrega momentos tan paradójicos como el que quiero contarles.

La génesis de esta historia comienza en el año 2008 y el primer semestre del 2009, vistiendo la camiseta de Santiago Morning. Fue un año y medio disputando los primeros lugares y con un equipazo.

¿Nombres?

El “Loco” Loyola, Torres, Felipe Díaz, Michael Ríos, el “paragua” Oviedo (quien posteriormente jugó clasificatorias con su selección), José Cabión, Sergio Comba, Dieguito Rivarola, Jaime Grondona, el “Choro” Navia y un “tal” Esteban Paredes como emblema y goleador excelso.

Dirigidos por Pepe Basualdo y el Profe Justo Farrán, su mano derecha y un tipo muy apasionado por el Fútbol.

Hago la separación a partir del segundo semestre del 2009, ya que en ese momento Esteban de los goles (capitán del equipo) parte a Colo Colo y la dupla técnica Basualdo-Farrán a la U. de Chile.

La sensación generalizada en el medio era que Morning pelearía el descenso, sin embargo asumió Juan Antonio Pizzi y nos llevó desde su capacidad y liderazgo a ser un equipo más fuerte aún y a sacar la mejor versión de nosotros mismos.

Fueron 6 meses intensos, con más aciertos que errores y con experiencias inolvidables.

Aprendizajes constantes y muchas enseñanzas.

Les comento una:

La repartición de premios que hacíamos con mi buen amigo Goku Rivarola, en su departamento con sobrecitos para cada uno de los compañeros, incluídos los utileros y quienes no sumaban minutos, pero que empujaban el barco y hacían competir a los que teníamos la oportunidad de ser titulares. Un relajo era impensado para cualquiera.

Estoy convencido que la cohesión de grupo es clave para lograr objetivos en un deporte colectivo.

Corría el 30 de Noviembre del año 2009 y peléabamos un play-off del campeonato chileno frente a Audax Italiano.

Ante la partida de Paredes a Colo Colo, mis compañeros me eligieron para portar la cinta de capitán, que por cierto siempre llevé con mucho orgullo.

Eran cuartos de final y a los tanos los dirigía el técnico argentino Pablo Marini.

La ida se jugó en el Estadio Monumental y fue 4-2 a favor nuestro (cabe recordar que valía doble el gol de visitante)

La vuelta nos enfrentaba en La Florida, y en las tribunas se percibía nerviosismo; en nuestra interna también.

Mirando el partido junto a un puñado de no mas de 50 hinchas bohemios, estaba mi viejo Hugo Basaure, más conocido como “El Rava”, por su parecido con el futbolista italiano Fabrizzio Ravanelli, siempre fiel bancándome en todo, sufriendo y disfrutando, porque si algo le apasionaba era el Fútbol. Como anécdota, cuando jugué en Puerto Montt el año 2006, recorrió más de 2.000 kms. en 48 horas para llevarme mi auto, ver el partido y regresar a Santiago. Cualquier travesía era válida para el, si se trataba de apoyarme.

Mientras tanto, el registro del partido frente a los itálicos en los primeros 45´fue bien controlado por nosotros y terminó 0-0.

Estábamos cada vez mas cerca de la clasificación.

Cuando arrancó el segundo tiempo, lo que parecía controlado cambió con el gol del chino Martínez a los 46´y empeoró para nosotros con el de Garrido a los 49´.

Así es la vida, fluctuante e impredecible.

A esa altura clasificaban los audinos por gol de visitante, una cuestión impensada para nosotros dado el desarrollo de la primera etapa.

 

Nerviosismo, frustración y el desorden casi normal que se genera cuando tienes que ir a buscar el resultado, con poco tiempo por jugar, pareciera que la estrategia se modifica y el control emocional cobra mayor relevancia, en desmedro de la táctica y el plan de juego.

Me fui a jugar como extremo por izquierda, centros para Comba, Rivarola y Navia, no importaba nada mas que llegar al gol, la desesperación era colectiva , sin embargo si algo destaco, es que nadie bajaba los brazos.

Minuto 82´observo para la mitad de cancha y la tablet decía mi número, entraba Víctor Loyola, segundo arquero…SÍ…Ingresaba como jugador de campo con la camiseta 1 en la espalda. 

La verdad, era la 21 de Cabión parchada en el 2 con tela adhesiva.

Sabía que era su oportunidad y el irradiaba una ambición terrible de hacer historia al igual que todos nosotros.

¿Mi reacción?

Corrí a la mitad, le grité, lo apoyé y le dije “dale que haces el gol Loco”, quizás con la adrenalina el no lo recuerda, a esta altura da igual.

Desde mi perspectiva de capitán, el colectivo siempre está por sobre las individualidades y lo importante era lograr el tan ansiado gol, no había tiempo de enojo, menos de ego.

Una locura de Pizzi y Mauro Pozo su ayudante, el “Loco” jugaba en los picaditos de entrenamiento y mostraba cualidades sobresalientes para jugar de “9”.

Dicen que la locura es un placer que solo los locos conocen…

No saben cuanto adhiero a esta frase.

90 +4 y Torres pisa el balón, Michael Ríos centra de izquierda al área y se eleva el “Loco” en pleno punto penal, conecta con el balón y la mete al ángulo, batido Jhonny Herrera y el silencio que sentí en esa cancha, fue indescriptible y nunca más lo viví como jugador.

Algarabía, felicidad extrema y un cúmulo de emociones positivas que nos entregaba el fútbol como vehículo de un momento único e irrepetible.

Gol de clasificación a semis, brazos al cielo del “Loco” con dedicación a Elena (su hermana) que había partido el 2006 por un tumor cerebral; en las tribunas mi viejo, el último partido que me vio en cancha, al mes siguiente le dio un accidente cerebro-vascular y adelantó el viaje. Pizzi llora, se abraza con Facundo Martínez su profe y yo me abrazo con Mauro Pozo, somos un puñado de personas celebrando algo histórico en una cancha con 7.500 espectadores en silencio.

¿Saben que es lo más lindo de esta historia?

Que tanto en el Fútbol como en la vida, desde la “locura” de atreverse a hacer algo distinto, se generan nuevos resultados.

Fue la última alegría de mi viejo en una cancha y mi aprendizaje de vida que llevo tatuado en la piel, es que siempre “un esfuerzo mas, es un fracaso menos”.

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